miércoles, 17 de agosto de 2016

¿QUÉ SIGNIFICA HABER CRECIDO EN UN PAÍS DE GUERRA?


 Por: Yesica Montes Cervantes 

Si durante estos 24 años que he vivido en el Caribe colombiano, donde el verano es permanente, la humedad atosiga, y que aún me atormente salir al medio día de cualquier lugar, es imposible concebir que yo me acostumbre a vivir en un país sin paz. Tal vez haya existido, tal vez no. Sólo sé que nunca he conocido la paz, hablando desde el punto de vista de la situación violenta por más de medio siglo en Colombia. Haber crecido en un país de guerra no puede demostrar otra cosa que esa es la cultura violenta que heredé y que infortunadamente, mis hijos heredarán igual.

Crecer en Colombia es sinónimo de violencia de todo tipo, de la que te puede afectar directa o indirectamente. Vivir aquí implica informarte diariamente y con detalles cómo grupos subversivos, delincuentes comunes atacan o dan muerte a tus hermanos compatriotas por diversos motivos generando caos, temor y sufrimiento ajeno, así como también, es que no puedas salir de tu casa con tu dispositivo móvil en cierto horario porque el 99% de cualquier estadística asegurará que serás hurtado ya sea por una amenaza verbal o con la exhibición de un arma.

Residir en este país significa sobrevivir. Es lamentable que, a pesar de habitar un territorio rico y diverso en flora, fauna y otras maravillas, sea gobernado por dirigentes corruptos que despojan dichas riquezas materiales y las intangibles haciéndole creer a “su pueblo” que el pobre debe ser más pobre y el rico más rico, como lo afirma el dicho popular.

Nacer en Colombia implica crecer con la etiqueta de narcotraficante gracias al “prestigio” que  ciertos personajes, en especial uno, le otorgó al país. De ese mismo que lo veneran los humildes, los antioqueños, los hinchas del equipo Nacional y hasta los extranjeros por la famosa novela que con la consigna de “quien no conoce su historia, está condenado a repetirla” llenaron sus bolsillos y fanfarronearon sobre su éxito televisivo alcanzado como si cada uno de los que nació después del personaje, traía un chip incorporado de vender drogas a todas partes o cometer otros actos delictivos que sólo se desconectaba si veía la grandiosa serie.

Haber crecido en este país sobreentiende que debes tener claro que si no naciste en cuna de oro, no tendrás fabulosas oportunidades en todo aspecto de vida, no te ayudarán fácilmente y tu camino al esfuerzo será un poco más pedregoso de lo que podrías imaginar. Vivir en nuestro país es que, por regla de tres, necesitas a un familiar profesional y metido en la crema nata de su gremio para que tu ayuda o algún favor se solucione lo más pronto posible. Es indignante correr hasta una sala de urgencias a causa de un dolor crónico y que luego de cinco horas sólo pases a triaje para hacerte esperar por el médico, sentado en una silla, en un espacio reducido a lo que le llaman “sala de observación”. Aún más terrible, es que sólo aquellas personas que tengan un familiar o amigo profesional, sean a quienes se les brinda la atención rápida que otros adoloridos esperan por igual.

Crecer en esta compleja nación es crecer rodeado de mentiras. A medida que crecemos, evidenciamos como la madurez abre tus ojos. Te das cuenta de cómo el poder tergiversa la verdad, influye en los que la desconoce y persuade para lograr objetivos propios. Es abrumador que finalices tu profesión como comunicador social - periodista y que no te animes a ejercer el verdadero periodismo que investiga, sospecha, saca a la luz lo veraz sin discriminar los implicados porque ya sabes que te estás condenando a una muerte segura. Si no mueres, te condenan a informar lo que no debes informar, a esconder lo que debas esconder y a favorecer a quien te haya concedido tu puesto de trabajo.

Y si me preguntan, ¿entonces, qué es vivir en un país de paz?, simplemente no sabría como responder porque yo jamás he vivido en uno.






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