¿QUÉ SIGNIFICA HABER CRECIDO EN
UN PAÍS DE GUERRA?
Si
durante estos 24 años que he vivido en el Caribe colombiano, donde el verano es
permanente, la humedad atosiga, y que aún me atormente salir al medio día de
cualquier lugar, es imposible concebir que yo me acostumbre a vivir en un país
sin paz. Tal vez haya existido, tal vez no. Sólo sé que nunca he conocido la
paz, hablando desde el punto de vista de la situación violenta por más de medio
siglo en Colombia. Haber crecido en un país de guerra no puede demostrar otra
cosa que esa es la cultura violenta que heredé y que infortunadamente, mis
hijos heredarán igual.
Crecer
en Colombia es sinónimo de violencia de todo tipo, de la que te puede afectar
directa o indirectamente. Vivir aquí implica informarte diariamente y con
detalles cómo grupos subversivos, delincuentes comunes atacan o dan muerte a
tus hermanos compatriotas por diversos motivos generando caos, temor y
sufrimiento ajeno, así como también, es que no puedas salir de tu casa con tu
dispositivo móvil en cierto horario porque el 99% de cualquier estadística asegurará
que serás hurtado ya sea por una amenaza verbal o con la exhibición de un arma.
Residir
en este país significa sobrevivir. Es lamentable que, a pesar de habitar un
territorio rico y diverso en flora, fauna y otras maravillas, sea gobernado por
dirigentes corruptos que despojan dichas riquezas materiales y las intangibles
haciéndole creer a “su pueblo” que el pobre debe ser más pobre y el rico más
rico, como lo afirma el dicho popular.
Nacer
en Colombia implica crecer con la etiqueta de narcotraficante gracias al “prestigio”
que ciertos personajes, en especial uno,
le otorgó al país. De ese mismo que lo veneran los humildes, los antioqueños, los
hinchas del equipo Nacional y hasta los extranjeros por la famosa novela que
con la consigna de “quien no conoce su
historia, está condenado a repetirla” llenaron sus bolsillos y
fanfarronearon sobre su éxito televisivo alcanzado como si cada uno de los que
nació después del personaje, traía un chip incorporado de vender drogas a todas
partes o cometer otros actos delictivos que sólo se desconectaba si veía la
grandiosa serie.
Haber
crecido en este país sobreentiende que debes tener claro que si no naciste en
cuna de oro, no tendrás fabulosas oportunidades en todo aspecto de vida, no te
ayudarán fácilmente y tu camino al esfuerzo será un poco más pedregoso de lo
que podrías imaginar. Vivir en nuestro país es que, por regla de tres,
necesitas a un familiar profesional y metido en la crema nata de su gremio para
que tu ayuda o algún favor se solucione lo más pronto posible. Es indignante
correr hasta una sala de urgencias a causa de un dolor crónico y que luego de
cinco horas sólo pases a triaje para hacerte esperar por el médico, sentado en
una silla, en un espacio reducido a lo que le llaman “sala de observación”. Aún
más terrible, es que sólo aquellas personas que tengan un familiar o amigo
profesional, sean a quienes se les brinda la atención rápida que otros
adoloridos esperan por igual.
Crecer
en esta compleja nación es crecer rodeado de mentiras. A medida que crecemos,
evidenciamos como la madurez abre tus ojos. Te das cuenta de cómo el poder tergiversa
la verdad, influye en los que la desconoce y persuade para lograr objetivos
propios. Es abrumador que finalices tu profesión como comunicador social - periodista
y que no te animes a ejercer el verdadero periodismo que investiga, sospecha, saca
a la luz lo veraz sin discriminar los implicados porque ya sabes que te estás
condenando a una muerte segura. Si no mueres, te condenan a informar lo que no
debes informar, a esconder lo que debas esconder y a favorecer a quien te haya
concedido tu puesto de trabajo.
Y
si me preguntan, ¿entonces, qué es vivir en un país de paz?, simplemente no sabría
como responder porque yo jamás he vivido en uno.
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