miércoles, 24 de agosto de 2016

¿Es, el Presidente Juan Manuel Santos, buen o mal presidente?


Por: Yesica Montes Cervantes 


A ciencia cierta, ¿acaso hay un manual de requisitos para segmentar una buena persona y a una mala persona?  Yo, no lo conozco. Todos tenemos una forma de ser que caracteriza, identifica y diferencia del resto y eso nos hace únicos seamos buenos o malos.

“Cada quien habla como le va en la fiesta”, dice mi mamá. Es por eso que hay grupos a favor de Santos y en contra de él, y lo que no nos interesa adorar a ningún político. Santos, como toda figura pública, ha tenido sus altibajos durante su mandato que han generado controversia en todos los ciudadanos que esperamos ilusionados que, por fin un presidente, nos saque de medio siglo de violencia y corrupción. ¿Qué tiene de malo? Mala la dirección de su gobierno que se desvió. Sus propuestas fueron unas, pero la reducción del desempleo y de la pobreza, no lo eran y aún así tuvieron relevancia durante estos años. Es así, como su apuesta por beneficiar a los ciudadanos con mas subsidios de vivienda, ha sido la más clara y fructífera en su administración. Desde principios del año en curso, Santos anunció la inversión de 1 billón de pesos el programa ‘Mi casa ya’ de lo que alrededor de 50 mil colombianos se han estado beneficiando. Otro aspecto que no fue promesa de campaña, fue el mejoramiento de relaciones con los países vecinos, como por ejemplo, el acercamiento que tuvo semanas atrás con el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela con el fin de reabrir la frontera colombo – venezolana luego del abrupto cierre que detuvo el comercio y desamparó a los ciudadanos que habitan cerca de la frontera a lado y lado.

Así mismo, otro rasgo desfavorecedor para el presidente es la falta de claridad en sus declaraciones. Ese desliz de “el tal paro agrario no existe”, aparte de crear demasiado enojo en la población tanto del gremio campesino como de los demás, evidenció falta de claridad hacia un norte supuestamente trazado que dejó mucho que pensar para con el futuro de su mandato.

Mientras que muchos piensan que Juan Manuel Santos ha sido un mal presidente, pero no hay que desmeritar que el proceso de paz liderado en su gobierno ha sido el más acertado y que el mejor se ha acercado al cese de fuego prometido por las FARC. Si bien es cierto que mandatarios anteriores como Betancur, Gaviria y Pastrana se esforzaron para lograr la tan anhelada paz, sólo hasta Santos hemos podido ver una estrategia clara que incluye una hoja de ruta acordada con las FARC, temas específicos y unas reglas de juego que permiten que las negociaciones no sean usadas por la guerrilla para fortalecerse, por ejemplo, negociar sin parar las acciones militares.

Entonces, si soy un campesino, que siempre ha vivido en el campo y sostiene a su familia gracias al mismo, debo pensar que el presidente Santos ha sido un mal presidente porque ha descuidado el sector agropecuario. Permitió que el famoso TLC (Tratado de Libre Comercio) trajera insumos de afuera despojando los de nuestro país debilitando el trabajo de la mano de obra y de sus familias. Si soy campesino, me uno a un paro agrario y el presidente dice que tal paro no existe, no debo querer al señor que escogí en elecciones porque me decepcionó y rebajó mi sustento y mi estilo de vida que hace parte de la esencia de este país.

Por otro lado, si soy una persona de clase media que se esmera por surgir día a día, que estoy empezando un hogar o si estoy buscando un lugar propio para convertirlo en mi hogar y mi espacio, debo pensar que Santos ha sido un buen presidente porque en su administración se ejecutó el programa de subsidios para obtener casas a precios módicos y facilidades de pago. Ahora hay más oportunidades de crear o reconstruir mi hogar con mi familia, que tal vez tome varios meses, pero que al final será mío.


Por lo tanto, vuelvo a mi pregunta inicial, ¿acaso hay un manual de requisitos para segmentar una buena persona y a una mala persona? O ¿qué señales debo reconocer para asegurarme que cualquier persona que conozca sea buena o mala? Estas son preguntas de reflexión y complejas como la de, ¿quién es mejor? ¿Santos o Uribe? La controversia no se hace esperar y las opiniones se dividen inmediatamente causando disgustos algunas veces. Así todo apunte a que un señor presidente sea bueno o malo, hay que tener en cuenta que también es una persona común y corriente, a pesar del gran título que carga, y que como todo ser humano a veces acierta y a veces no. Quizás la clave está en mirar con una lupa los resultados favorables y cuántos de ellos han beneficiado el crecimiento económico, político, social y cultural para nuestro país. Es allí cuando argumentaremos si nuestro presidente actual valió la pena o no. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

¿QUÉ SIGNIFICA HABER CRECIDO EN UN PAÍS DE GUERRA?


 Por: Yesica Montes Cervantes 

Si durante estos 24 años que he vivido en el Caribe colombiano, donde el verano es permanente, la humedad atosiga, y que aún me atormente salir al medio día de cualquier lugar, es imposible concebir que yo me acostumbre a vivir en un país sin paz. Tal vez haya existido, tal vez no. Sólo sé que nunca he conocido la paz, hablando desde el punto de vista de la situación violenta por más de medio siglo en Colombia. Haber crecido en un país de guerra no puede demostrar otra cosa que esa es la cultura violenta que heredé y que infortunadamente, mis hijos heredarán igual.

Crecer en Colombia es sinónimo de violencia de todo tipo, de la que te puede afectar directa o indirectamente. Vivir aquí implica informarte diariamente y con detalles cómo grupos subversivos, delincuentes comunes atacan o dan muerte a tus hermanos compatriotas por diversos motivos generando caos, temor y sufrimiento ajeno, así como también, es que no puedas salir de tu casa con tu dispositivo móvil en cierto horario porque el 99% de cualquier estadística asegurará que serás hurtado ya sea por una amenaza verbal o con la exhibición de un arma.

Residir en este país significa sobrevivir. Es lamentable que, a pesar de habitar un territorio rico y diverso en flora, fauna y otras maravillas, sea gobernado por dirigentes corruptos que despojan dichas riquezas materiales y las intangibles haciéndole creer a “su pueblo” que el pobre debe ser más pobre y el rico más rico, como lo afirma el dicho popular.

Nacer en Colombia implica crecer con la etiqueta de narcotraficante gracias al “prestigio” que  ciertos personajes, en especial uno, le otorgó al país. De ese mismo que lo veneran los humildes, los antioqueños, los hinchas del equipo Nacional y hasta los extranjeros por la famosa novela que con la consigna de “quien no conoce su historia, está condenado a repetirla” llenaron sus bolsillos y fanfarronearon sobre su éxito televisivo alcanzado como si cada uno de los que nació después del personaje, traía un chip incorporado de vender drogas a todas partes o cometer otros actos delictivos que sólo se desconectaba si veía la grandiosa serie.

Haber crecido en este país sobreentiende que debes tener claro que si no naciste en cuna de oro, no tendrás fabulosas oportunidades en todo aspecto de vida, no te ayudarán fácilmente y tu camino al esfuerzo será un poco más pedregoso de lo que podrías imaginar. Vivir en nuestro país es que, por regla de tres, necesitas a un familiar profesional y metido en la crema nata de su gremio para que tu ayuda o algún favor se solucione lo más pronto posible. Es indignante correr hasta una sala de urgencias a causa de un dolor crónico y que luego de cinco horas sólo pases a triaje para hacerte esperar por el médico, sentado en una silla, en un espacio reducido a lo que le llaman “sala de observación”. Aún más terrible, es que sólo aquellas personas que tengan un familiar o amigo profesional, sean a quienes se les brinda la atención rápida que otros adoloridos esperan por igual.

Crecer en esta compleja nación es crecer rodeado de mentiras. A medida que crecemos, evidenciamos como la madurez abre tus ojos. Te das cuenta de cómo el poder tergiversa la verdad, influye en los que la desconoce y persuade para lograr objetivos propios. Es abrumador que finalices tu profesión como comunicador social - periodista y que no te animes a ejercer el verdadero periodismo que investiga, sospecha, saca a la luz lo veraz sin discriminar los implicados porque ya sabes que te estás condenando a una muerte segura. Si no mueres, te condenan a informar lo que no debes informar, a esconder lo que debas esconder y a favorecer a quien te haya concedido tu puesto de trabajo.

Y si me preguntan, ¿entonces, qué es vivir en un país de paz?, simplemente no sabría como responder porque yo jamás he vivido en uno.